Rol del Decente Especialista
Desde la perspectiva de la educación como
hecho social inacabado, el docente especialista desempeña un rol esencial que
es el de investigador, lo cual implica: Ser un docente Observador, Reflexivo,
Integrador, Actualizado e Innovador, Solidario y Respetuoso. Atento a las
posibilidades que brindan los diferentes ámbitos de aprendizaje, con capacidad
y habilidad para integrar los diversos insumos que le proveen la observación y el
análisis, con el conocimiento que posee de sus alumnos y del acto educativo en
general, así como de la realidad específica en la que se desenvuelve, que
comprende que tanto el acto como la realidad educativa son procesos inacabados
y por ende que el conocimiento que él posee de este contexto, debe estar en
permanente revisión con el objeto de configurar alternativas de revisión,
acción y participación creativas y novedosas en consonancia con los tiempos que
corren.
Con
disposición a colaborar con el resto de los actores participantes en el acto
educativo; con los cuales aprende además de compartir sus intereses,
experiencias y expectativas.
Se
observa que en la actualidad las funciones del docente han trascendido con
mayor fuerza los límites del ámbito pedagógico, se les plantea la necesidad de
desenvolverse con eficiencia en contextos como el psicológico, el afectivo, el
social, y en una variedad de campos relacionados con el desarrollo y desempeño
del alumno; ello exige del maestro, además de formación inicial en el campo de
la especialidad –educación básica, especial, ciencias naturales, sociales entre
otras- un conocimiento lo más actualizado posible y formación continua, para
lograr mantenerse al día con las exigencias que le plantean las transformaciones
de los estos tiempos que corren.
El
rol del docente especialista en los equipos interdisciplinarios es y será
siempre fundamentalmente docente y su objetivo principal, corresponde a la
atención educativa integral especializada de acuerdo con la necesidad educativa
presente, puede actuar como agente coordinador de los esfuerzos de los
profesionales que hayan contribuido en la atención del sujeto y ofrece
orientación a los docentes regulares y a la familia.
Otros
rasgos fundamentales que debe poseer el docente tienen que ver entre otros con
los siguientes:
Vocación: en
tanto pasión o inclinación del espíritu hacía determinado quehacer o actividad uno
hace lo que es y es lo que hace.
Laboriosidad:
autentica dedicación a la profesión, a sus demandas y desafíos.
Coherencia: entre el decir y el hacer, recordando que uno es más lo que hace que lo que dice.
Coherencia: entre el decir y el hacer, recordando que uno es más lo que hace que lo que dice.
Compromiso: con
lo que se hace y cómo se hace pero fundamentalmente con el alumno en sí mismo
Sin compromiso la docencia como actividad se desdibuja y se equipara a
cualquier otra actividad, es más, sin compromiso la docencia es impracticable.
El amor pedagógico: tiene que ver con el amor hacia la educación, hacia el acto de enseñar y el amor por nuestros alumnos.
El amor pedagógico: tiene que ver con el amor hacia la educación, hacia el acto de enseñar y el amor por nuestros alumnos.
Responsabilidad:
poder responder por lo que hacemos y por lo que no hacemos. Es hacerse cargo de
lo que se hace y cómo se hace, de lo que se dice y también de lo que se omite.
Sentido común:
tiene que ver con nuestra capacidad de discernimiento más que con los
conocimientos teóricos. Se relaciona con la prudencia, la intuición, la
captación del sentido y con la lectura del contexto.
Actitud crítica permanente: su
ejercicio facilitará nuestro crecimiento profesional en la medida que desde la
autocrítica podamos darnos cuenta de nuestros errores y re-elaborarlos, para
luego tratar de hacer una puesta diferente.

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